A partir de ahora, los clientes que compren una tarjeta de Movistar con número nuevo, recibirán lo mínimo posible: la SIM y un pequeño folleto explicativo. Nada más:

Hasta ahora, la tarjeta venía acompañada de un librito de instrucciones, con guía de manejo, tarifas, etcétera. Tampoco era nada del otro mundo: prácticamente se trataba del mismo texto desde que se inventó Movistar Activa, allá por el 98, con los retoques correspondientes. Uno de los primeros sistemas para reducir gastos fue que la propia tarjeta SIM incorporase los códigos PIN y PUK (bajo una capa del material que se rasca con monedas), algo que hoy en día hace todos los operadores.
No creo que se trate sólo de reducir costes, aunque sea la razón principal. El librito de instrucciones era algo que nadie se leía (hubiera evitado el 90% de las preguntas que me hacían en la época que vendía móviles). Hoy en día, todo el mundo sabe abrir un SMS, guardar un número en la agenda y tal.
Sin embargo, resulta curioso comparar este mini-embalaje actual con el primero de los que tuvo Movistar, allá por 1995. La telefonía móvil era algo desconocido para la gran mayoría de la gente. Los móviles comenzaban a dejar de ser algo exclusivamente para ejecutivos, y cada familia tenía uno (el móvil familiar, claro). En aquella época, los packs de Movistar incorporaban el manual de instrucciones (70 páginas), el de precios (19 páginas), el mapa de cobertura, un vídeo VHS de información, la tarjeta SIM, una miniguía rápida y dos sobres casi lacrados, para el PIN y el PUK:

También es curioso ver la evolución de la tarjeta SIM: dejando de lado que ahora no es necesario introducirla entera en el teléfono, ahora es algo más cotidiano y cercano. El mensaje parece ser más que estaremos en contacto con nuestra gente, y no el de que podremos llamar por toda Europa:





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